Artist Statement
La gracia del amor
nos ha salvado la vida.
Me hice en la profundidad de la tierra, abrazada por el silencio de manos cuidadosas que dibujaron cada uno de mis lunares. Soy raíz, posibilidad, caída, vértigo, gozo, riesgo, gesto, palabra. En mi cuerpo diminuto cabe la posibilidad del asombro. Soy resistencia, fuerza contenida, arquitectura secreta. No temo al encierro, no floreceré por capricho, sino por destino y con historia. He esperado en la grieta de una piedra. No siempre germino donde quiero, pero incluso ahí, encuentro una forma. Me abro. Me parto. Me transformo. No sin antes romperme desde dentro.
Soy una creadora que trabaja desde el cuerpo, desde el soplo y desde aquello que aún no tiene nombre. Mi camino se expande entre la danza, la voz, la actuación, la escritura y la producción. Me muevo entre lenguajes con la naturalidad de quien respira: bailo para entender, canto para recordar, actúo para habitar lo invisible. No creo que el arte nazca de la palabra sola, sino del cuerpo que tiembla; de esa vibración primera que antecede al canto.
Mi arte se alimenta de la experiencia sensible:
– Sembrar, legado, amor, hogar, alma, deleite, complicidad, atardecer, riesgo, vértigo, viento, soplo, constelaciones de lunares, vibración, resonancia–
Mis procesos parten de una intuición que roza lo ritual: Saborear los hilos del alma, encontrar los que se perdieron, desenredarlos, entenderlos, guardarlos. Todo vibra, desde aquí hasta el horizonte. Mi campo es la escena, y mis materiales son amplios, se trata de recoger lo que ha sido silenciado, desenterrar memorias, infancias, historia y permitir que el cuerpo recuerde antes que la mente. Me interesa la alquimia de transformar la oscuridad en movimiento, la dureza en canto, la piedra en brote. Me interesa indagar en la capacidad de contar historias valiosas que perduren en el tiempo
Cuando al fin atravieso la tierra, lo hago con la certeza de que lo frágil también puede ser feroz. Me inclino hacia la luz como quien ama. Crezco sin testigos, sin permiso, sin espectáculo. Solo con el soplo que florece. Mi proceso exige ferocidad y conciencia de la fragilidad: Mientras caes, sonríe, ama, golpéate el pecho para que se despierten todas las que duermen y se den cuenta que estamos cayendo, mientras caemos. Quiero que la tinta nos tiemble siempre, despeinadas y vivas.
Hago arte porque el mundo duele y la injusticia agota, y porque aun así sigo creyendo en la fuerza del amor ese milagro que resucita, que enciende, que nos recuerda que estamos vivos, vivos por gracia. Hago arte para que la vida pueda —siempre— ser más dulce. Para nombrar lo que tiembla. Para sostener lo que se cae. Para florecer incluso sobre escombros. Creo firmemente que las prácticas artísticas nos iluminan el alma, dejando una huella indeleble en el corazón de las personas. Soy un cuerpo que canta, que danza, que imagina y que también construye.
Es por esta convicción profunda, de que el cuerpo es el primer territorio de la verdad, que mi camino académico se nutre del énfasis en Danza y Actuación, me llevo la certeza de que todo lo que he aprendido es la raíz que ahora debe volverse viento. Mi obra nace en el instante preciso donde el aire sabe que está por convertirse en sonido. Ahí comienzo yo.

